El barbijo y la lógica de las “tres F”: por qué lo seguimos usando en la calle si no es obligatorio

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Desde que el barbijo no es obligatorio al aire libre, impresiona la gran cantidad de personas que, pudiendo quitárselo (en zonas donde es posible sostener el distanciamiento social), eligen usarlo. Más allá de si esta decisión sale del miedo, la exageración o la inercia, ¿podría este uso incondicional del tapabocas habernos salvado de la ola de Covid pronosticada para la primavera?

Es decir, al margen de la doble moral del barbijo que, como se verá a continuación, parece dominar distintas escenas de la vida urbana y, más allá de que tal vez ya no lo lavan seguido ni lo renuevan hace meses (conductas nada recomendables), hay un número muy grande de personas que, con sus matices, tienden a elegir “abrochárselo” al rostro. Como si siguieran un impulso subjetivo proteccionista, al margen de la sugerencia de las autoridades.

¿Son ellos los que traccionaron el freno a la variante Delta?

“Efectivamente veo mucha gente que sigue usando el barbijo y yo también lo hago. Me parece bien. Me parece muy positivo”, evaluó Jorge Aliaga, físico, director de Planeamiento de la Universidad de Hurlingham y uno de los grandes comunicadores del Covid, abocado de lleno a la problemática de la transmisión del virus a través de las partículas llamadas “aerosoles”.

Hay que recordar que, luego de del descenso de contagios registrado desde junio, hace un mes los casos de coronavirus empezaron a subir otra vez. Sin embargo, llevamos un par de semanas clavados en una impredecible “mesetita” de entre 1.000 y 1.200 contagios diarios (promedio semanal).

Imágenes urbanas del primer día en que se podía omitir el uso de barbijo en CABA. Foto Guillermo Rodríguez Adami

Para Aliaga, el uso del barbijo podría haber ayudado a ralentizar el ascenso de casos. Pero no es el único elemento: “Efectivamente hubo una suba de casos y dejó de subir. No sé si bajó mucho… diría que no, pero dejó de subir”.

“Una explicación posible sería que hubo más contagios por el movimiento grande de gente del último fin de semana largo. Además, la vacunación a adolescentes de 12 a 17 avanzó rápido y también seguramente influyó. Son muchos factores: desde el uso del barbijo y el comportamiento social hasta tener mucha gente vacunada”, resumió.

“Una cosa es estar lejos de personas y otra distinta es si uno va a estar permanentemente en un lugar transitado: entrás a un comercio, salís; luego subís a un medio de transporte público y bajás; y subís a otro. ¿Qué vas a hacer? ¿Ponértelo y sacártelo cada vez? Es más práctico ponérselo y sacárselo cuando uno está realmente solo. Es lo que hago yo y creo que es lo que está haciendo mucha gente”, evaluó.

Salir desnudos

“Hay dos cosas que se pueden pensar respecto del uso del barbijo”, introdujo Ingrid Sarchman, docente del seminario “Informática y Sociedad” de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires (UBA), quien se dedica a estudiar, entre otros, los tópicos del cuerpo y las diversas formas de mostrarnos ante el mundo.

“Por un lado está el hecho de que seamos animales de costumbre y que, como tales, hay cosas que se hacen por inercia. Desde hace un año y medio que para salir a la calle tenés que llevar llaves, celular, cartera y barbijo”, apuntó.

Sin dudas, “es una práctica que está incorporada, sin contar que para entrar a cualquier lugar hay que tenerlo puesto. Sacarlo y ponerlo a veces da más fiaca que llevarlo puesto directamente”.

Sin embargo, hay un segundo aspecto central y es “estar protegidos frente a un virus que, en primera instancia, podría llegar a ser mortal. Más allá de que la situación objetiva haya cambiado, no resulta tan fácil deshacerse de ese miedo. Mucha gente dice que salir a la calle sin barbijo es como salir desnuda, vulnerable”.

En la Ciudad no es más obligatorio el uso del barbijo en la calle desde el 28 de octubre. Foto Juano Tesone

Las tres F

Hablando de amenazas, Martín Etchevers ofreció un aporte que se resume en un concepto teórico de la psicología llamado “las tres F”. Es secretario de Investigaciones de la Facultad de Psicología de la UBA y profesor adjunto de la materia “Clínica psicológica y psicoterapias: psicoterapias, emergencia e interconsultas”.

Las tres F vienen de los términos en inglés fight, flight y freeze. Algo así como pelear, huir, congelarse (o “freezarse”, en el sentido de quedar inmovilizado).

“Son tres reacciones comunes de todos los mamíferos, y que los humanos también tenemos desde el principio de los tiempos, frente a una amenaza. Es el repertorio natural de respuestas que podemos dar ante una situación atemorizante”, resumió.

¿Cómo se aplica al uso del barbijo? Para Etchevers, además del grupo de personas rebeldes y transgresoras que de entrada se negaron a usar el barbijo, “están los más cautelosos y temerosos que sobreestiman las amenazas y que han sido especialmente eficaces desde la perspectiva del cuidado porque se han expuesto mucho menos”.

Desde ya, nos expusieron menos a todos.

“Algunas situaciones de la vida exigen un afrontamiento más activo, de pelea, como pasaba con nuestros ancestros cazadores o como le pasa a un estudiante que tiene miedo ante la amenaza de un examen. A veces hay que exponerse y simplemente salir a pelear”, explicó.

Sin embargo, “tratándose de un virus cuyo portador es otro humano, las conductas evitativas han sido muy útiles individual y socialmente”.

Por otro lado, “independientemente de las pandemias, los humanos tendemos -por distintas razones- a esconder el rostro de modo de ocultar las emociones y dar menos información a quienes observan”.

¿Habría ahí una razón par el uso ampliado del barbijo en la calle? Según Etchevers, tal vez sí. De hecho, dijo, el uso de máscaras en ciertas situaciones, o las capuchas y el pelo largo de los adolescentes cuando no quieren mostrarse, respondería a esa lógica.

“La simulación y el engaño también es un rasgo que compartimos con otros primates y mamíferos y forma parte de nuestros recursos”, dijo el experto, y concluyó: “Sea por temor al contagio como por inseguridad, el uso del barbijo se incluye en las conductas evitativas que nos dan una sensación de mayor seguridad. Claro que si se trata de un virus, esto no es solo una sensación”.

MG

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