Relaciones 2.0: los 3 cambios que trajo la pandemia y que se van a quedar

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La crisis sanitaria, escolar y del mundo del trabajo se tradujo en quiebres en los vínculos tradicionales que regían consultorios, escuelas y fábricas u oficinas.

Cambios novedosos se combinaron con la aceleración de tendencias subyacentes.

A medida que los contagios bajan y las restricciones se relajan, vale preguntarse: ¿las transformaciones fueron positivas? ¿Cuántas fueron pasajeras y cuáles llegaron para quedarse? ¿Se puede hablar de nuevas relaciones 2.0?​

La “democratización” del consultorio

El personal de la salud lleva más de un año y medio en la primera línea contra el Covid. Especialistas de distintas áreas se volcaron de lleno a esta tarea titánica. Hospitales y sanatorios se reconvirtieron para atender a los contagiados.

Una médica toca el violín en hospitales de Rosario para los pacientes internados con coronavirus.

Esto representó dificultades para pacientes de enfermedades no relacionadas con el coronavirus, que encontraron un sistema demandado, problemas para conseguir turnos y miedo a infectarse.

La teleconsulta se instaló como un paliativo para que muchos continuaran sus controles. Las asociaciones de pacientes, por su parte, se consolidaron como espacios que brindan apoyo y conocimientos colaborativos sobre diferentes padecimientos.

La relación entre médicos y pacientes es una de las tantas que sufrió el efecto de la pandemia. Foto: Leo Vaca.

La relación entre médicos y pacientes se viene modificando, más allá de la pandemia, a partir de la cantidad de información disponible. Antes, quizás, uno acudía al médico sin saber. Ahora las personas se animan a preguntar. Y las asociaciones de pacientes se empoderan, porque son una referencia confiable”.

Quien habla es Luciana Escati Peñaloza, directora Ejecutiva de la Federación Argentina de Enfermedades poco Frecuentes (FADEPOF).

Escati Peñaloza habla del camino hacia una “decisión compartida”. El criterio del profesional sigue siendo imprescindible, pero los reparos (por ejemplo, frente a determinados efectos adversos), preguntas y estilos de vida de los pacientes también contribuyen a la definición de los tratamientos.

Internet está repleta de datos poco certeros. Por eso, como advierte Luciana, toda asociación debería “tener un comité médico asesor, para basarse en evidencia científica”.

El frente del Hospital Garrahan. Foto: Luciano Thieberger. FTP-CLARÍN.

Una de las médicas que colabora con FADEPOF es Patricia Elmeaudy, pediatra y exdirectora médica del Hospital Garrahan.

“Muchos trabajamos cercanamente con las asociaciones de pacientes. Primero, porque los pediatras constituimos una rara avis dentro de la Medicina. Tenemos que conocer al entorno, el contexto del chico o chica, lo cual nos permite un vínculo con la familia”, asevera.

Existen diagnósticos inapelables -una apendicitis debe ser operada-, pero, en muchas otras situaciones, surgen diferentes posibilidades sobre qué hacer.

La doctora considera que la “democratización” dentro del consultorio tiene que ver con los avances referentes al derecho a la salud. Las familias se empezaron a juntar, a buscar interlocutores válidos.

El personal de la salud y los pacientes: diálogos necesarios. Foto: Luciano Thieberger.

Para Elmeaudy, esto fue una construcción progresiva. “En los últimos quince o veinte años la injerencia de los pacientes cobró más fuerza, también porque muchos, desde el otro lado, lo visualizamos como una necesidad”, acota la doctora. Explicaciones, respeto y confianza son conceptos que resalta.

“La teleconsulta fue necesaria durante un momento de la pandemia. Quizás, en algunos casos, sea útil en la posteridad. Por ejemplo, para pacientes de lugares alejados o con poca posibilidad de traslado”, reflexiona la doctora. Pero, al igual que Escati Peñaloza, cree que el contacto físico entre médico y paciente es fundamental.

Aulas abiertas 

Para Mariana Maggio, “la pandemia trajo a la posibilidad de poner en blanco sobre negro cosas que ya se venían viendo”. Doctora en Educación, dirige la Maestría en Tecnología Educativa de la Facultad de Filosofía y Letras.

Las transformaciones culturales y sociales requieren que repensemos la enseñanza. En las instituciones físicas, hay ciertos condicionamientos, relacionadas con el espacio limitado, con la manera de entender el tiempo (saturada y fragmentada a la vez), con el currículum sobrecargado y con una evaluación centrada en el control”, elucida.

Abrieron las aulas: ¿cambiaron las reglas? Foto: Luciano Thieberger.

“Con la llegada del coronavirus, de repente, se pusieron en movimiento cuestiones muy interesantes, como la docencia colaborativa“, continúa la experta.

“El irrumpir de una clase más abierta, pero también más original, es una buena noticia en el marco de una desgracia”, dice.

“Las y los chicos reconocieron el enorme proceso de adaptación de sus profesores. Además, escuchamos que, por no ser calificados numéricamente, muchos pudieron aprender más. ¿Por qué no darles la chance de trabajar con distintos ritmos?“, pregunta Maggio.

“En la Universidad, hay gente que retomó la carrera, porque no podía cursarla en las condiciones tradicionales”, ejemplifica.

Para la especialista, en el marco de transformaciones globales, la tecnología permite pensar prácticas diversas, que combinen presencialidad y virtualidad. Por supuesto, la conectividad -no siempre garantizada- representa una condición sine qua non para estos procesos.

Los y las estudiantes se animan más a cuestionar. Foto: Luciano Thieberger.

Gustavo Zorzoli fue rector del Colegio Nacional Buenos Aires, publicó más de veinte libros y creó la fundación “Hagamos Todo por Educar en Ciencias”.

Tras cuatro décadas de enseñanza, observa: “La puerta del aula se abrió tanto que se metió adentro de la casa”. No ve esta exposición como algo negativo: “El aula nunca debería haber estado restringida a la relación entre docente y estudiantes. Es un acto público, permeable a la mirada de los otros”.

Cuando las clases “se metieron en los hogares”, apareció la familia como nuevo actor interviniente.

La familia: nueva protagonista en el aula virtual durante gran parte de la pandemia. Foto: Luciano Thieberger.

​Algunos docentes se quejan de que los alumnos apagan la cámara. “Cuestiones de este tipo ya venían pasando. Los chicos miraban el celular a escondidas o incluso abiertamente. En mi época hubo quienes pasaron toda su secundaria leyendo en el banco del fondo. La diferencia es que antes era más disimulado: ahora los alumnos se animan a hacerlo más visible, no se esconden“, rememora el exrector del CNBA.

Otra cuestión propia de este período, piensa, es el involucramiento de madres y padres en torno a la causa de la vuelta a clases presenciales. Queda por ver si esta organización persiste.

El educador contrapone esta situación con el accionar de los alumnos: “A los pibes los durmió la pandemia en términos de lucha y reivindicaciones. Me sorprende que los estudiantes secundarios, generalmente los más activos, no hayan salido a pelear la presencialidad, ni siquiera para los que quedaron fuera del sistema. No pensé que esta iba a ser la reacción de adolescentes. El encierro, además, tuvo un impacto en las relaciones sociales, tan importantes a esta edad”, remata.

Tatiana Fernández Martí, militante del Partido Obrero y presidenta del Centro de Estudiantes del Colegio Nacional Buenos Aires, tiene otra perspectiva.

“En el último año, las y los pibes, sobre todo de las villas y los barrios populares, protagonizaron una lucha por la conectividad y el aumento de las becas para los que se quedaron sin su derecho a estudiar”, afirma.

Tatiana enfatiza que, en los últimos años, los estudiantes tuvieron que “pelear por el presupuesto, por obras en las escuelas y para enfrentar las reformas antieducativas de los gobiernos, que degradan títulos y contenidos”.

Contra la idea de que antes los alumnos eran más pasivos u “obedientes”, la referente estudiantil alega que la organización “no es ninguna novedad” y cita hitos como la Reforma Universitaria y el Cordobazo.

Tatiana Fernández Martí, presidenta del Centro de Estudiantes del Nacional Buenos Aires; y Lula Schiffmacher, integrante del Consejo resolutivo (2020). Foto: Captura.

“Los trabajadores de la Educación sufren con nosotros la miseria presupuestaria, los bajos salarios y la crisis edilicia, que finalmente, son sus condiciones de trabajo. Nuestros derechos y los suyos van de la mano”, amplía.

La joven no niega que existan situaciones de abuso de poder, censura o arbitrariedades dentro del aula (basta pensar en la profesora oficialista, cuyo caso se viralizó tras ser filmada por sus alumnos). Pero considera que “hay que enfrentarlas de una forma sana y constructiva”, teniendo en cuenta a todos los actores y sus circunstancias.

Modelo híbrido y productividad

Cristian Bonavida es economista e investigador en el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas) y la Universidad Nacional de La Plata. “Efectivamente hubo tendencias subyacentes que se aceleraron con la pandemia, por ejemplo la deslocalización”, comienza.

Pero esclarece: “En Argentina, el porcentaje de trabajadores que pueden teletrabajar es solo del 25%“.

Del home office al modelo híbrido. Foto: Shutterstock,

Por otro lado, subraya que la pandemia aceleró la incorporación de nuevas tecnologías a los procesos productivos. Tareas que antes se hacían presencial o manualmente han pasado a manos de un software.

Los trabajadores que no pueden teletrabajar, efectúan tareas rutinarias y tienen riesgo de contagio son los más vulnerables a los procesos de automatización.

Las jornadas se vuelven más difusas y el concepto de horas extras queda camuflado. El efecto de burn out (trabajador quemado) ha sido bastante documentado y es más intenso entre trabajadores jóvenes“, analiza el experto.

El teletrabajo: una modalidad que se acentuó con la pandemia y genera muchos debates. Foto: Shutterstock,

Por otro lado, comprende que, para un sector de trabajadores (principalmente hombres, con buenas condiciones de vivienda y conectividad, sin cargas familiares), las nuevas modalidades permitieron compatibilizar mejor la vida personal con la laboral. A esto se suma el ahorro en los tiempos de viaje.

Respecto a la productividad no hay datos conclusivos. Es esperable que la incorporación de tecnología traiga un aumento de la misma para ciertas labores.

“El género y la configuración familiar parecen ser entonces dos factores claves en este punto. Por último agregaría a la ocupación: no imagino a un programador, ni a un repartidor de aplicaciones trabajando menos”, puntualiza Bonavida.

Luis Campos, coordinador del Observatorio del Derecho Social de la CTA, añade: “El crecimiento de la precarización​, de larga data, es el escenario en el cual se vuelca la pandemia. Solo así podemos entender lo que sucede”.

Un reclamo de trabajadores tercerizados denunciando despidos. Foto: Lucía Merle.

Coincide en que es difícil cuantificar las horas trabajadas y distingue el trabajo efectivamente realizado de la disposición horaria ante el empleador (que, en ciertos casos, es casi total).

Otra tendencia que se instaló es el trabajo por objetivos, por ejemplo, en el caso de los analistas de sistemas. Campos considera que “esto puede incrementar el control de los empleadores”.

Esto se debe a que empieza a importar menos el tiempo y, en algunas ocasiones, se incrementan los objetivos por el mismo salario. Donde el trabajador ve descanso, el empleador ve “tiempos muertos”.

Y concluye con una última discusión propia de esta época: la desarticulación de las relaciones colectivas, que impacta sobre la amplia tradición asamblearia del país. Las estrategias de organización virtual son todavía incipientes.

“Definitivamente no se reemplaza el contacto físico. Por eso, una de las demandas de los sindicatos es que el teletrabajo no sea total, sino parcial“, finaliza Campos.

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