Iguales pero distintos: la vuelta al trabajo presencial, entre la irritación y el alivio

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Un día llega un mail, un mensaje de texto, un llamado. Después de un año y medio de rutina de trabajo en casa, algunas empresas comunican el regreso a la presencialidad. Las personas que vuelven a las oficinas no son necesariamente las que las dejaron en marzo del 2020. No solo les pasó el tiempo, sino la pandemia -que vino acompañada de pérdidas y miedos- y también una experiencia laboral diferente, en muchos casos inédita, hasta el confinamiento. En esta línea es que tres especialistas hablan con Clarín sobre las emociones que pueden entrar en juego a la hora de la vuelta.

“Somos animales de costumbres. Como en su momento costó adaptarse al trabajo a distancia, hoy resulta difícil volver. Hay cuestiones a las que estábamos habituados que ahora generan mucha irritabilidad”, confirma Harry Campos Cervera, médico psiquiatra y psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA).

Se refiere “a los tiempos y a las condiciones de viaje hasta la oficina, o a los ruidos propios del lugar de trabajo que puedan, por ejemplo, dificultar la concentración”.

“Tengo pacientes que me dicen que quieren volver a sus casas al poco tiempo de arrancar la jornada, que no soportan quedarse tantas horas en la oficina. Destacan que, en sus hogares, el día se les pasaba diferente porque contaban con la posibilidad de vestirse con ropa cómoda, comer más tranquilos y sin apuro y atender otros aspectos en simultáneo”, advierte. Y asegura que hay gente que está buscando trabajo fuera del país pensando “en sostener las tareas a distancia y en ganar en otra moneda”.

Aunque aclara que regresar a la oficina también tiene algunos beneficios, que no en todas las personas tuvo un impacto negativo y que, además, en la mayoría de los casos se está registrando un esquema híbrido y no de presencialidad total. “El home office exclusivo ocasionaba otros problemas. Se complicaban algunas situaciones como el trabajo en equipo a distancia”, remarca Campos Cervera.

Para Juan Eduardo Tesone, psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), el coronavirus nos llevó a replantearnos nuestra forma de vida. “La pandemia ha tenido un efecto disruptivo esencialmente traumático pero también interesante porque nos hizo reflexionar sobre el grado de alienación en el que se vivía”, explica. Señala que, en este sentido, incluso durante el aislamiento se dieron ciertos cambios y movimientos. Entre ellos, mudanzas a barrios más alejados, también al interior del país.

Las sensaciones de la vuelta

Las sensaciones de la vuelta, entre los que les tocó reincorporarse, son muy variables, según afirma. “Dependen de la situación familiar, de si la persona estaba cómoda en su vivienda. Hay casos en los que la presencialidad es un alivio”, resalta.

“No se pueden sacar conclusiones universales. También tiene que ver con la personalidad de cada uno. A mucha gente le va a costar por el traslado y la dinámica de grupo en el medio laboral pero hay otros que desean volver”, dice y agrega que el denominador común es que “hoy la gente tiene más claro que antes de la pandemia lo que quiere y lo que no”.

Paola Sánchez (44) es ingeniera industrial, trabaja en un sindicato y tuvo que volver a ocupar su escritorio en una oficina de Balvanera. En su caso, encuentra “pros y contras”. “Estar todo el tiempo adentro de la casa tiene su parte tóxica. En ese sentido, creo que viene bien la presencialidad”, opina.

Y suma: “Hay otros aspectos no tan cómodos como el viaje al trabajo. Tengo un trayecto corto, por suerte, pero necesito combinar subtes y sufro cuando otros pasajeros usan mal el barbijo o me tosen encima. Me da miedo por el coronavirus”.

“En la oficina es un poco confiar en que el que tenés al lado también se esté cuidando del virus, porque si se contagia uno probablemente nos contagiemos todos”, aporta.

Ella no pudo elegir: le comunicaron que tenía que volver todos los días, aunque asegura que hay algunas tareas que podría resolver a distancia. “Estaba bueno trabajar en joggings. Pero recuperar parte de la vieja rutina tampoco me molesta”, resume.

Lorena Alfonso (32), que trabaja en el área administrativa de una empresa, no está conforme con el regreso a la oficina. “Me funcionaba la rutina en casa. Me ayudó a comer mejor y a no vivir tan acelerada. Tener que volver al centro de la ciudad me pone mal, en especial porque no tiene sentido: puedo hacer lo mismo en forma remota y ya lo demostré durante un año y medio”, sostiene.

Volvió en el último mes para cumplir con un esquema híbrido y asegura que es mucho más productiva los días que trabaja a distancia. “En la oficina te dispersás y si bien me alegró ver a mis compañeros, siento que nos molestamos entre nosotros. Fuera de que tenemos que usar el barbijo y es muy difícil mantenerlo por horas”, comparte.

El miedo al contagio

Jorge Catelli, profesor, investigador de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y miembro titular de APA, señala que en pandemia no solo quedó en evidencia la fragilidad humana sino también ciertas capacidades y posibilidades de las que no éramos tan conscientes. Entre ellas, la chance, en algunos rubros, de trabajar desde casa a partir del uso de la tecnología. “En este sentido es que la vuelta a la presencialidad, en muchos casos, está generando enojo. Eso es lo que veo en el consultorio: hubo una adaptación exitosa a la virtualidad y ahora es difícil volver”, remarca.

“Lo que me manifiestan es que no les parece lógico perder una hora de viaje y trasladarse apretado para llegar a un lugar y trabajar a través de un dispositivo electrónico al que también tienen acceso desde la casa”, detalla. Y afirma que entiende esa postura y que considera que ese enojo genera intolerancia y que “esa intolerancia está justificada”.

Cuenta que también hay casos de personas que extrañaban sus vínculos laborales y la presencia física del otro o que necesitaban salir de sus casas pero que, al menos en su experiencia de consultorio, son excepciones y no la regla.

Por último, dice que los casos en los que los pacientes manifiestan angustia por este tema también son pocos y que, cuando esto ocurre, no tiene tanto que ver con ajustar su vida a la vieja modalidad de trabajo sino con el miedo a contagiarse coronavirus.

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