Incendios en Corrientes. El dolor después del fuego: un corto documental sobre el desastre

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Los incendios en Corrientes tuvieron en vilo a toda la Argentina durante el mes de febrero y, si bien el 1° de marzo llovió y provocó que, por primera vez en tres meses, no se registrasen focos de fuego en la provincia, el saldo negativo que dejaron las llamas es desolador.

Durante la mitigación de buena parte de dichos focos, Clarín viajó a Corrientes para saber de primera mano cómo se vivió este desastre ambiental que contó con el trabajo de más de 3.500 brigadistas y bomberos y por el cual el país tardará años en recuperarse tanto económica como ecológicamente.

Y es que, a través de un relevamiento que se publicó en base a imágenes satelitales, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) estimó que hasta el 21 de febrero se habían quemado un total de 934.238 hectáreas, lo cual equivale a casi el 11% de la superficie de la provincia de Corrientes, que es de casi nueve millones.

Sin embargo, luego de hacerse con nuevas fotografías, los especialistas informaron que realizarán una actualización de los datos y se estima que la cifra estará por encima del millón de hectáreas. Esto se debe a que se reactivaron algunos focos y se generaron otros nuevos, pero, según la entidad, fueron incendios de carácter menor.

Incendios en Corrientes, en la zona de los Esteros del Iberá. Vista aérea de la zona incendiada. Foto: Juano Tesone, enviado especial.

“Estaba con mi hijo. Se había iniciado el fuego y lo estábamos combatiendo hacía seis horas. Vino un viento norte muy fuerte y el cielo se puso negro. Cuando nos quisimos acordar teníamos el fuego a nuestras espaldas. No sabíamos para dónde ir, entonces dijimos: ‘Saltemos hacia lo que se quemó ayer‘. Es muy triste”, comentó un brigadista.

Pero de esta problemática también son víctimas los vecinos, quienes encuentran en la forestación una fuente de trabajo, y también actuaron para acabar con el fuego lo antes posible. Por eso se reunieron en pos de la pronta recuperación de los terrenos y ensayaron una red de vigilancia tanto diurna como nocturna.

Un día, el cielo respondió a las plegarias de muchos de ellos y acompañó el trabajo de tantos otros: llovieron 24 milímetros de agua y los focos de incendio se apagaron lentamente. “Ahí empezó a cambiar la historia”, reconstruyó una de las mujeres allí presentes. “Lo más duro que vi fueron los yacarés migrando. Por suerte tienen ese sentido de supervivencia que hace que se muevan”.

Bomberos voluntarios y brigadistas festejan la llegada de la lluvia, que le dio un respiro a su trabajo. Foto: Juano Tesone, enviado especial.

Sin embargo, una cantidad preocupante de la fauna autóctona no pudo sobrevivir a las llamas que, durante alrededor de cuarenta días, castigaron a Corrientes. Pese a que aún no se calculó cuántos fueron los animales que fallecieron en los mismos, se estiman, de acuerdo a un informe de los daños productivos actualizado hasta el 16 de febrero, 10.422 millones de pesos perdidos por la mortandad.

En dicho relevamiento, además, se tomaron en cuenta otras cuatro variables que representan las principales cadenas productivas de la provincia: el arroz, la citricultura, la forestación y la yerba mate.

Para la primera variable se calcula que, de las 96.000 hectáreas sembradas en la campaña del 2021 y lo que va del 2022, hubo un 25% de pérdida de producción, lo que se traduce en 200 millones de toneladas menos, aproximadamente. Teniendo en cuenta que la tonelada equivale a $24.840, se perdieron un total de 4.968 millones de pesos.

Junto a un grupo de bomberos, los patrones, trabajadores y vecinos de la estancia Libertad combaten un incendio intentando que no llegue al casco del lugar. Foto: Juano Tesone, enviado especial.

Respecto a la citricultura, se estiman unos 200 millones de pesos en pérdida de la cosecha de fruta de otoño/invierno. Por su parte, en forestación se esperan 19.200 millones de pérdida, entre ellos unos 5.950 millones por el costo de recomposición de las hectáreas quemadas por el fuego.

Para la yerba mate, se prevé que se tenga que destinar durante los cuatro años posteriores a la primera implatanción la friolera de 832 millones de pesos más costo adicional y complementario de implantación de las hectáreas perdidas por mortandad de plantas por sequía y altas temperaturas.

El panorama para la provincia y para la Argentina es desolador y el momento para comenzar con la reconstrucción es ahora. Así lo sentencia uno de los voluntarios que estuvieron colaborando: “La lluvia, para mí, es bienestar, alegría. Empieza un trabajo largo que nos toca a nosotros como defensores del patrimonio natural. No es para festejar, sino para estar alerta”.

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